Este verano HBO emitió Sharp Objects, una miniserie basada en una novela de Gillian Flynn, autora del exitoso Perdida de 2014, y desde el primerísimo episodio nos dimos cuenta de que la cadena estadounidense había vuelto a dar en el blanco.

La serie está magistralmente dirigida y tiene un reparto de actores excelentes que dan alma y cuerpo al pueblo de Wind Gap en Misuri, donde un misterioso asesino está cosechando víctimas jóvenes e indefensas de sexo femenino. A arrojar luz sobre el asunto llega Camille Preaker, periodista de pasado (y presente) tormentoso que al volver a la casa de su infancia tiene más de un fantasma al que enfrentarse.

Los motivos por los que esta serie nos ha atrapado son más de uno, y con un pequeño repaso intentamos explicaros por qué merece la pena devorar esta miniserie de ocho episodios.

La Atmósfera

Como hemos mencionado, Sharp Objects está ambientada en Misuri, en el centro sur de Estados Unidos, en un somnoliento pueblo en el que todo parece haberse quedado inmóvil, cristalizado en una época no bien definida. El pueblo de Wind Gap se convierte en auténtico protagonista de la historia, una madrastra inquietante y suspendida en un tiempo indefinido en el que un montón de almas se chocan y golpean unas contra otras como mariposas nocturnas en busca de un poco de luz. Pero los personajes son todos grandes, enormes agujeros negros. Espejismos.

El encanto del sur de Estados Unidos es siempre muy fuerte, impregnado de una atmósfera hecha de magia, intrigas, pasiones, y realzada por una fotografía sofocante, agobiante y preciosa al mismo tiempo.

Las Actrices

Al llegar al final de cada episodio, el primer pensamiento va para las actrices y lo primero que entran ganas es de aplaudir sonoramente, aunque luego uno se da cuenta de que quedaría un poco fuera de lugar en el sofá de casa. Chris Messina está muy bien, pero esta miniserie son sobre todo sus tres protagonistas. Amy Adams, Patricia Clarkson y la revelación Eliza Scanlen.

Amy Adams nos regala una interpretación digna de un Globo de Oro, sufrida y llena de matices, Patricia Clarkson una vez más demuestra ser igualmente buena y eficaz tanto en las partes cómicas como en las dramáticas (aquí da vida a un personaje terrible), pero es la joven de diecinueve años Eliza Scanlen la que sorprende. Su Amma es un arma afilada de doble filo, víctima y verdugo, que cuando habla siempre camina sobre el filo de la navaja. Scanlen, para la crónica, ya está lanzada hacia el olimpo de Hollywood y ha entrado en el nutrido reparto de Mujercitas, remake dirigido por Greta Gerwig, junto a Emma Watson y Meryl Streep.

Una mención especial para la fantástica Elizabeth Perkins, que esté donde esté, siempre se lleva a casa un personaje memorable.

La Trama

Sharp Objects es un sinfín de cosas: es un drama familiar, con una típica (típica es mucho decir) familia disfuncional americana, llena de problemas sin resolver, afectos morbosos, secretos amoratados y dolorosos, pero también es una novela policíaca, hija de True Detective. Hay algunos crímenes y hay un culpable que encontrar.

Gillian Flynn siembra alguna pista aquí y allá, pero os confesamos desde el principio que reunir los hilos de la madeja es casi imposible, por un lado porque se está demasiado ocupado escarbando en la mente y en las heridas de la protagonista Camille, por otro porque la intención principal de la serie es otra, muy lejos de las policíacas y novelas clásicas. Pero hay algunos hallazgos excelentes y los personajes están todos muy bien construidos.

La Dirección

Ya habíamos apreciado el estilo de Jean-Marc Vallée en Big Little Lies: su estética refinada se mezclaba a la perfección con los tormentos de las protagonistas de la exitosa serie de HBO, que unida a un montaje excelente jugaba continuamente con distintos planos temporales. En Sharp Objects, esto ocurre todavía más. Estamos continuamente saltando entre presente y pasado, sumergidos hasta el cuello en el punto de vista de Camille.

La dirección desorienta continuamente al espectador que, igual que su protagonista, que se encuentra en un perenne estado de embriaguez, está confuso, deliberadamente desconcertado. ¿Qué ha pasado realmente? ¿Estamos en el pasado o en el presente? ¿Habrá ocurrido? Se lo pregunta Camille y nos lo preguntamos nosotros, que al final de cada episodio nos sentimos aturdidos, como despertados de una resaca descomunal.

El Final

Así somos. Sorprenderse en el momento de la resolución de un misterio es muchísimo más agradable que haber desenredado con pelos y señales cada nudo del enigma. Esta miniserie, que recordamos que ya es huérfana de una segunda temporada (Amy Adams ha dicho sentirse destrozada tras haber afrontado un personaje tan exigente y doloroso como el de Camille), nos regala mucho más que un giro de guion y es capaz de desconcertar al espectador después de haberlo despistado con maestría.

Algunos espectadores se han sentido engañados por la "resolución final" pero nosotros no opinamos lo mismo. Con la distancia, entenderéis que todo encaja a la perfección, como un puzle perfecto. Cada personaje, cada pieza vuelve a su lugar, como en la casa de muñecas de la pequeña Amma.

P.D. Mirad los créditos finales. No os arrepentiréis.