A lo largo de su larga carrera como escritora, Agatha Christie dio forma a cientos y cientos de personajes, que poblaron sus novelas con inteligencia y sagacidad, y que si tenían la suerte de no ser envenenados con cianuro, apuñalados con un abrecartas o estrangulados a mano limpia, llegaban ilesos al final de la novela policíaca.

Pero entre todos los personajes que Agatha Christie trazó, son dos los que han quedado más grabados en los lectores de todo el mundo. Dos investigadores que no necesitan presentación. Hercule Poirot y Miss Marple. Hasta un lector poco experto habrá oído mencionar al menos uno de estos nombres, porque dos mentes tan brillantes difícilmente pueden pasar inadvertidas.

Pero antes de hablar de la anciana vivaz más famosa de Inglaterra, indagaremos sobre uno de los detectives más queridos: Hercule Poirot.

Cabeza en forma de huevo, una obsesión maniática por el orden y la simetría, y un par de bigotes perfectamente engominados, Hercule Poirot hace su primera aparición en 1920, apareciendo entre las páginas de la novela El misterioso caso de Styles. Los métodos ingeniosos y ese savoir faire irresistible conquistan de inmediato a los lectores, convirtiéndose en poco tiempo en un personaje tremendamente popular que Christie se verá obligada a conservar durante muchísimos años.

La reina del crimen, que en realidad prefería mucho más el apelativo de "Duquesa de la Muerte", crea este curioso personaje en 1916, después de ser desafiada por su hermana a escribir una novela policíaca digna de mención. Christie acepta de buen grado y sale victoriosa solo cuatro años después, tras nada menos que seis rechazos de varias editoriales londinenses. Pero ya se sabe que la tenacidad da sus frutos, y Agatha es recompensada con un merecido éxito.

Hercule Poirot se convierte así en el protagonista de muchas novelas y relatos: un personaje teatral, siempre vestido de forma impecable y con un delicioso acento francés. Pardon, belga. Porque cuidado con confundirse sobre el país de origen de nuestro favorito, porque podría molestarse bastante. De algunas investigaciones se ha descubierto que Christie se habría inspirado en un gendarme belga de carne y hueso, que jubilado se había retirado a Devonshire y que con toda probabilidad, nuestra escritora había conocido personalmente cuando era una chica.

Poirot es vanidoso, con un andar curioso, pomposo, y adora ser el centro de atención. Y sin embargo hay algo en su humor y en su amabilidad y galantería que nos hace imposible no quererlo. A menudo acompañado por el capitán Hastings en la resolución de sus casos (un segundón poco brillante a decir verdad, un poco como el Watson de Sherlock Holmes, en quien Christie se inspiró), Hercule es un hombre solitario, aparentemente desinteresado en las relaciones amorosas, rodeado solo por Miss Lemon, su fiel secretaria, y George, el mayordomo.

Además de la descripción del personaje, tan fastidiosamente adorable, es su método de investigación lo que nos fascina, y que se distancia claramente de las técnicas en boga entre sus colegas detectives predecesores. Si el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle era tan atento al método científico, examinando cada pequeño indicio, y cada huella, cada marca, se pasaba revista con la proverbial lupa, Hercule Poirot puede resolver tranquilamente un misterio cómodamente sentado en un sillón tomando un jerez a sorbitos. Nada de persecuciones rocambolescas ni huidas veloces, al fin y al cabo la corpulencia de nuestro amigo belga está bien lejos de la figura esbelta de su colega inglés.

Lo que distingue a Poirot es un atento y vastísimo conocimiento del alma humana. Y así el procedimiento de Hercule Poirot es exactamente inverso: no son solo los indicios los que llevan a la solución, sino que es el análisis de la naturaleza humana el que aporta todos los elementos necesarios para llegar al descubrimiento del asesino.

Gracias a sus células grises, Poirot siempre consigue llegar a la verdad y en lugar de confesarlo todo a la policía (¡sería demasiado aburrido, al fin y al cabo!), nuestro investigador prefiere organizar todo un espectáculo, un ritual, reuniendo a todos los sospechosos en un salón o en un espacio reducido, y desenrollando el misterio, paso a paso, hasta llegar al clímax final: la revelación del culpable.

Y es aquí donde Christie se distancia más de sus predecesores, creando una de las imágenes más icónicas asociadas a la novela policíaca clásica: la de un investigador que desgrana la solución del caso ante un grupo de personas que se maravillan de la intrincada historia tanto como el lector.

33 novelas, 52 relatos y varios textos teatrales, Hercule Poirot es quizás el nombre que más fácilmente se asocia al de Agatha Christie, pero la autora, con el tiempo, empieza a encontrar insoportable al curioso detective belga, fantaseando con su posible fallecimiento. "Es viejo más allá del límite... No puedo matarlo porque, si lo hiciera, luego tendría que contar historias en pasado, es decir, casos resueltos por Poirot antes de su muerte... En cualquier caso, ¡siempre puedo dejarlo clavado en una silla de ruedas!".

En 1940, en el apogeo del éxito de su creación más afortunada, Christie decide así escribir la última aventura de Poirot: Telón, en la que el investigador muere. La novela se publica solo varios años después, en 1975.

Entre películas y series de televisión de éxito (las adaptaciones de la BBC interpretadas por el excelente David Suchet son una delicia imperdible), Hercule Poirot es un personaje icónico que todavía hoy parece querer hacer de todo con tal de no disolverse en el aire. Después de Peter Ustinov y Albert Finney, en 2017 llegó nada menos que Kenneth Branagh a vestir los trajes del detective belga, realizando su versión de Asesinato en el Orient Express.

Por desgracia el intento de modernizar un personaje tan querido y de características tan particulares fue muy criticado por los puristas de la escritora, a quienes les resultó muy difícil encariñarse con este Poirot, de rasgos y modos bien distintos de los concebidos por Christie. Sin embargo la película fue un éxito de público (mérito también de un reparto excepcional) y Branagh no dejó escapar la ocasión de repetir. Este año, de hecho, llega otra obra maestra a la gran pantalla, Muerte en el Nilo.

Ni siquiera la muerte de Agatha Christie ha conseguido enterrar al gran Hercule Poirot, que parece no cansar nunca a los aficionados de todo el mundo. En 2014, Sophie Hannah, escritora y poetisa inglesa, dio inicio a una operación nueva y particular, algo que nadie se había atrevido a hacer jamás: rescatar al detective belga y escribir una nueva serie de novelas siguiendo el estilo de Agatha Christie. Un sacrilegio para algunos, y sin embargo las primeras tres novelas Tre stanze per un delitto, Il mistero dei tre quarti y La cassa aperta, fueron un éxito.

Es evidente que librarse de Hercule Poirot es una empresa imposible y parbleau!, ¡menos mal!