Es 1930 cuando entre las páginas de "La muerte en la vicaría", nueva novela recién salida de la imprenta de Agatha Christie, aparece un personaje que estaba destinado a volverse inmortal. Su nombre es Miss Marple y es una anciana vivaz que vive en St. Mary Mead, un pequeño pueblo inglés, que se convertirá a menudo en escenario de crímenes horribles.
En el registro civil, Jane Marple, nuestra detective alberga una pasión sin límites por la jardinería y por hacer punto, pero sobre todo está dotada de una agudeza considerable. Está obsesionada en particular con la naturaleza humana, convencida de que las personas actúan y se mueven dentro de patrones muy precisos. Los seres humanos, igual que las flores y los pájaros, pueden catalogarse y clasificarse, obteniendo así muchos perfiles distintos, para consultar cuando sea necesario. Y así, cuando Miss Marple tiene que afrontar un nuevo caso de asesinato, lo primero que hace es analizar los personajes de su historia, y para estudiar sus comportamientos, siempre intenta remitirlos a viejas historias que ya conoce, para encontrar así la clave adecuada que le permita desenredar la madeja cada vez.
Asociar un hecho a un acontecimiento ya ocurrido le permite a Miss Marple desenmascarar al culpable en pequeños movimientos, a menudo sin siquiera tener que levantar la mirada de ese rápido tejer, que se mueve mecánicamente y de forma perfectamente engrasada, igual que la memoria y el cerebro de esta imprevisible detective.
Como telón de fondo de las andanzas de Jane, están Gladys, la criada, y el escritor y sobrino Raymond West, que a menudo le cuesta creer en las extravagantes investigaciones en las que se embarca su vieja tía.
Porque la genialidad del personaje de Miss Marple reside precisamente en su apariencia, tan inofensiva e insospechable en la superficie. Al fin y al cabo, ¿quién podría temer jamás a una tierna ancianita del campo inglés? Esta envoltura suya suave e inofensiva le permite a Jane Marple introducirse en cualquier conversación y captar todos los gestos y las palabras clave, reuniendo información valiosa sin despertar ninguna sospecha.
Vestida de tweed, gorrito, cabello plateado y unos ojos azules vivaces: Miss Marple responde a la perfección al perfil de la abuelita con el corazón de nata y nadie consigue ni siquiera remotamente sentirse amenazado por una figura tan cándida. Y así hasta el más sanguinario de los asesinos no puede sino bajar sus defensas ante ella, tal vez revelando más de lo que querría.
Jane Marple hace del cotilleo su pan de cada día y no hay acontecimiento que se le pueda escapar: mantener las orejas bien atentas es una actividad muy útil que debe practicarse cada día, porque nunca se sabe cuándo una información podría resultar útil.
Agatha Christie contó que para perfilar este personaje tan querido por los lectores, se inspiró nada menos que en su abuela: si en apariencia encarnaba el arquetipo de la tranquila y dulce señora mayor inglesa, también era extremadamente suspicaz. Como declaró en una entrevista "esperaba lo peor de cualquier situación o de cualquier persona. Y en la mayoría de los casos, los hechos demostraban que tenía razón".
La anciana vivaz es protagonista de nada menos que doce novelas y veinte relatos, y aunque cuantitativamente no llega a alcanzar el umbral de apariciones de su colega belga, Hercule Poirot, con el compañero investigador comparte la fama espectacular, ganándose un lugar de honor en el olimpo de los detectives del siglo XX. Igual que había hecho con la novela Telón, en la que Christie había narrado el último caso de Poirot, la escritora decide dar el mismo trato a su heroína, dando vida a Un crimen dormido. Christie escribe así la última aventura de Marple en 1940, asustada por los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. La novela se publicará después varios años más tarde, en 1976.
Para llevar a la gran y a la pequeña pantalla el personaje de Miss Marple, se han sucedido varias actrices, que han intentado de formas distintas dar vida a un carácter tan irresistiblemente atractivo y tan querido entre los fans de Christie. Para la televisión, muchísimas han probado a afrontar la ardua empresa, entre ellas la austera Joan Hickson o la deliciosa y divertida Geraldine McEwan, mientras que para el cine, se encargaron de vestir los trajes de Marple la atrevida y algo exagerada Margareth Rutherford, que entre rocambolescos saltos y huidas agitadas se alejaba mucho de lo que había trazado Christie, y Angela Lasbury, que de la aguda ancianita de St Mary Mead tomará prestado a manos llenas para perfilar a otra dama detective de gran fama y éxito, la mítica Jessica Fletcher de Se ha escrito un crimen.
Miss Marple es un personaje construido de forma perfecta, que llega después de una serie de detectives de sexo masculino y que (¡por fin!) disemina un poco de ese girl power del que carecía el mundo de la novela policíaca, haciéndose un poco de espacio a golpes de inmortal intuición femenina.