Aquí estamos. Hemos decidido empezar una nueva serie de publicaciones y para hacerlo nos parecía obligado volver a los orígenes. No, no hablamos de Adán y Eva, sino solo de nuestro comienzo, y nos han entrado ganas de contarlo. En definitiva, la pregunta es: ¿por qué decidimos lanzarnos a esta aventura (lo es, de verdad) que se llama Mystery - El Juego Delito?

La pasión por el género policíaco en todas sus formas siempre ha sido una obsesión, bien instalada en nuestras cabezas, pero en la base de todo está, obviamente, ella: Agatha Christie. Siempre hemos visto sus libros, las películas y las series de televisión basadas en sus obras como mecanismos fascinantes y perfectos. Entrar en sus historias y en sus mundos nos daba dos grandes certezas: el misterio sería realmente apasionante y Poirot (o Miss Marple) siempre descubriría al culpable. Esas ambientaciones perfectas y cuidadas, los personajes siempre malditamente intrigantes y las historias cargadas de secretos hasta la médula siguen siendo hoy nuestro placer prohibido.

Al crecer empezó a rondarnos en la cabeza una pregunta: ¿cómo sería entrar dentro de una novela policíaca? La verdad es que la fórmula propuesta por las clásicas cenas con asesinato no nos gustaba nada, o al menos no nos gustaba lo que habíamos visto por ahí. Los actores se limitaban a interpretar pequeñas escenas, sobre todo de carácter divertido (y, lamentamos decirlo, con un aire de pueblo turístico) mientras el público sentado a la mesa, entre un plato de ensaladilla rusa y los strozzapreti con radicchio, intentaba orientarse en un misterio de contornos poco creíbles (nada personal, ensaladilla rusa).

¿Y si, además de tener que descubrir al asesino, los jugadores se convirtieran en parte activa del misterio y por tanto se transformaran en sospechosos o asesinos? La idea nos encantaba. Queríamos recrear esas atmósferas densas de misterio, la sensación de formar realmente parte de una investigación.

Usamos como conejillos de indias a varios grupos de amigos e hicimos pruebas, y descubrimos que lo que estábamos intentando hacer ya existía y tenía incluso un nombre: murder mystery party, muy extendido en los países anglosajones. Las “células grises” tan queridas por Poirot empezaron a ponerse en marcha y así ¡nació Mystery - El Juego Delito!

A lo largo de los años hemos creado muchos misterios, pero el primero en convertirse oficialmente en miembro de la familia Mystery, el que nos hizo decir “¡Eh, tú pasarás de ronda!” fue Toopsie Woopsie. El primogénito, en definitiva.

Al final, para responder a la primera pregunta, el verdadero motivo por el que decidimos lanzarnos a esta aventura fue crear mundos, vidas paralelas un poco peligrosas, hechas de tensión, misterios, secretos y crímenes, a veces inquietantes, a veces divertidos. Al final es como hacer un viaje en la montaña rusa: cuando estás arriba el corazón te late con fuerza, gritas un poco y te tiemblan las rodillas, pero una vez que pones los pies en el suelo recuerdas que era solo una atracción, y lo que te queda es alguna gota de adrenalina en el cuerpo y una bonita sonrisa pegada en los labios.